The New York EDITION

Uno de los ideales que siempre ha formado parte de la filosofía de Dapper Tapper es que la simplicidad es la máxima forma de sofisticación. La idea del lujo ha estado ligada con exceso, decadencia y nada mejor para ilustrar esta idea que un hotel.

Al imaginarnos un hotel de lujo, visualizamos algo similar a un palacio, mayordomos y staff en clásicos uniformes, alfombras y obras de arte que bien podrían estar en un museo, habitaciones gigantes con muebles clásicos y una decoración en tonos oscuros con toques de tonalidades brillantes como dorados o plateados, tal vez en un tapiz o en algún objeto decorativo.

En el New York EDITION la idea de lujo no puede estar más alejada de este concepto tradicional que ha permanecido vigente hasta nuestros días. Los tiempos han cambiado y los viajeros buscan experiencias diferentes que los hagan sentir bien. El servicio tiene que seguir siendo de primera pero el lugar no tiene que gritar que es costoso para que el huésped se sienta mejor. Al contrario, entre más sencillo y refinado más memorable puede llegar a ser.

Nuestra cita para conocer el hotel es a las 12 del día y conociendo lo puntuales que los neoyorquinos suelen ser decidimos llegar 15 minutos antes, lo cuál resulto ser una gran idea. Caminamos por Madison Square Park, en la zona conocida como NoMad buscando el New York EDITION y al principio dudamos tener la dirección correcta. Ninguno de los edificios parecía ser un hotel. Fue hasta que nos acercamos lo suficiente al icónico edificio Clocktower que vimos un sencillo letrero, casi imperceptible y un amable portero nos dio la bienvenida. Entramos justo a tiempo.

El New York EDITION está situado en el edificio que ocupaba la Metropolitan Life Insurance Company y el cuál fue diseñado en 1909 por la firma de arquitectos Napoleon LeBrun & Sons. Durante algún tiempo fue el edificio más alto de Nueva York hasta que perdió esta distinción en 1913. Nadie se hubiera imaginado en esa época que 100 años después el primer hotel de lujo de la zona estaría ubicado aquí.

El lobby y el lobby bar se extienden alrededor del atrio donde están situados los elevadores, destacan los muebles con inspiración de los años 20’s, lámparas diseñadas por Christian Liagre y tonos suaves que contrastan con la masiva chimenea de acero negro. La vista hacia el parque se aprecia desde cualquier rincón de la planta baja y es inmejorable, aunque en el interior hay 2 estructuras que compiten para captar nuestra atención. Primero, la contra barra del lobby bar, con su deslumbrante color ámbar y después la escultural escalera de caracol que conduce hacia el restaurante, The Clocktower, el cuál esta a cargo del premiado chef Jason Atherton.

Después de recorrer el impresionante restaurante y sus multiples cuartos, cada uno con un color característico y un conjunto de fotografías en blanco y negro expuestas en marcos dorados, así como su original sala de billar, nos dirigimos hacia las habitaciones. Las expectativas son altas y al llegar a uno de los últimos pisos del edificio entendemos a lo que se refiere el nuevo lujo.

Las habitaciones son realmente especiales, una vez dentro nos olvidamos por completo que estamos en un hotel. Nos sentimos en casa. Los tonos claros y serenos crean un ambiente de relajación y las vistas de 180º de Manhattan le agregan un toque único. Los detalles como la línea de baño de Le Labo hecha especialmente para el hotel o una cerveza artesanal que solo se puede encontrar en los mini bars de las habitaciones hacen de la experiencia del New York EDITION algo más. Sencillo y sofisticado. Autentico y moderno. Sin duda la mancuerna creada por Ian Schrager y Marriott ha logrado darle un nuevo significado al termino viaje de placer y ha desarrollado un lugar único en una ciudad que día con día se reinventa.

Nuestra visita termina pero al salir del hotel tenemos un pensamiento recurrente: The New York EDITION es nuestro nuevo hotel favorito y no podemos esperar para regresar. Así de simple.


One of the ideals that have always been part of the philosophy of Dapper Tapper is that simplicity is the ultimate form of sophistication. The idea of ​​luxury has been linked to excess, decadence and nothing better to illustrate this than a hotel.

When we imagine a luxury hotel, we visualize something like a palace; butlers and staff in classic uniforms, lavish carpets and artwork that could easily be found in a museum, giant rooms with classic furnishings and decorated in dark tones with touches metallic colors like gold or silver, maybe in a tapestry or a decorative object.

At the New York EDITION the idea of luxury cannot be any further from the traditional concept that has remained to this day. Times have changed and travelers look for different experiences that make them feel good. The service has to remain top class but the place doesn’t have to shout that it’s expensive to make guests feel better. Instead, the more simple and refined, the more memorable it can be.

Our appointment at the hotel is at noon and knowing that New Yorkers are very punctual we decide to arrive 15 minutes early, which proved to be a great idea. We walk around Madison Square Park, in the area known as NoMad looking for the New York EDITION and hesitate that we have the correct address. None of the buildings appears to be a hotel. It is until we got close enough to the iconic Clocktower building that we see a simple sign, almost imperceptible and a friendly doorman greets us. We arrive just in time.

The New York EDITION is located in the building that was occupied by the Metropolitan Life Insurance Company and which was designed in 1909 by the architectural firm Napoleon LeBrun & Sons. For some time it was the tallest building in New York until it lost that distinction in 1913. No one could have imagined at that time that 100 years after the first luxury hotel in the area would be located here.

The lobby and lobby bar extend around a foyer where the lifts are located, furniture with inspiration from the 1920’s, lamps designed by Christian Liagre and soft tones contrast with the massive blackened-steel fireplace. The park can be seen from any corner of the ground floor and the view is unbeatable, but inside there are two structures that compete for our attention. First, the backlit bar with a dazzling amber glow and then the sculptural staircase that leads to the restaurant, The Clocktower, which is in charge of the award-winning chef Jason Atherton.

After touring the stunning restaurant and its many rooms, each with a distinctive color and a set of black and white photographs set in gilt frames, and an original billiard room, we head to the rooms. Expectations are high and when we reach one of the top floors of the building we understand the meaning of new luxury.

The rooms are really special, once inside we completely forget that we are in a hotel. We feel at home. The clear and serene tones create a relaxing atmosphere and the 180-degree views of Manhattan add a unique touch. Details like the bathroom line made by Le Labo especially for the hotel or a craft beer that can only be found in room mini bars make the experience of New York EDITION something more. Simple and sophisticated. Authentic and modern. Certainly the team created by Ian Schrager and Marriott has succeeded in giving a new meaning to the term pleasure trip and has developed a unique place in a city that reinvents itself every day.

Our tour ends but as we leave the hotel we have a recurring thought: The New York EDITION is our new favorite hotel and we can not wait to return. Simple as that.

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